sábado, 5 de septiembre de 2009

Memorias de un niño borracho

Hernán cargó una botella de vokda chica, un paquete de cigarros y el paf para el asma en la mochila de la escuela. Esperó a que mamá y papá se durmieran, y entonces salió de la casa por la ventana, minutos después de la media noche.

En la esquina del barrio lo esperaban los pibes del barrio, que desde hacía tres meses se juntaban ahí a intentar ahogar las penas con vodka y caminatas extraordinarias. Pero hoy faltaba uno, Ramiro, el que por ser el más grande, 13 años, se habría autoproclamado jefe de la banda. Lo habían encontrado con una botella de cerveza y la policía se ocupó de él; "Averiguación de Antecedentes". Pero a ninguno le importó, y ahi nomás Jorge, más grande que Hernán y los otros dos se puso al mando. El hermano menor del nuevo cabecilla, Menino, se quejó; pero no hay nada que no se arregle a las trompadas acá.

Aquella noche el destino fue el mismo de siempre, ninguno. El vodka duró no más de 10 minutos. Y allí fueron, por la calle más transitada, sin que nadie los viera; ya eran fantasmas en la noche, o ¿es que nadie los quería ver?

Esa noche fue igual que todas las demás. Tomar todo lo que tenga alcohol, fumar hasta los últimos cigarrillos, robarle 2$ a viejas, etc. Esa era toda la danza, casi un ritual. A veces los espejismos causan placer.

Ya de vuelta en su casa, pasó por la misma ventana. Entró a su habitación, compartida con su abuela, y separada de la de sus padres por una cortina que hacía de pared. Preparó las cosas para la escuela del día siguiente, y se acostó en su cama semeneada.


leon